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Cuarta parte de la Introducción a la vida devota


CAPÍTULO X



CÓMO SE HA DE ROBUSTECER EL CORAZÓN CONTRA LAS TENTACIONES



De vez en cuando, considera qué pasiones son más dominantes en tu alma, y, una vez descubiertas, emprende una manera de vivir que les sea totalmente contraria, en pensamientos, palabras y obras. Por ejemplo, si te sientes inclinada a la pasión de la vanidad, piensa, con frecuencia, en las miserias de esta vida humana, en lo muy enojosas que estas vanidades serán para tu conciencia el día de tu muerte; en lo indigno que son de un espíritu generoso; en que no son más que juegos y diversiones de niños, y en otras cosas parecidas. Habla muchas veces contra la vanidad y, aunque te parezca que no lo sientes, no dejes de despreciarla, porque, por este medio, ganarás fama de lo contrario, porque, a fuerza de hablar contra alguna cosa, nos sentimos movidos a aborrecerla, aunque, al principio, le sintamos afición. Haz actos de abyección y de humildad siempre que puedas, aunque te parezca que los haces con repugnancia, porque, por este medio, te acostumbrarás a la humildad y debilitarás tu vanidad, de suerte que, al sobrevenir la tentación, tu inclinación no podrá favorecerla, y tendrás más fuerza para combatirla.


Si te sientes inclinada a la avaricia, piensa, con frecuencia, en la locura de este pecado que nos hace esclavos de lo que sólo ha sido creado para servirnos; que cuando llegue la muerte también tendrás que dejarlo, y dejarlo en manos de quienes lo disiparán y a quienes acarreará la ruina y la condenación, y fomenta otros pensamientos por el estilo. Habla fuerte contra la avaricia, alaba mucho el desprecio del mundo, hazte violencia y da muchas limosnas, y no te detengas en las oportunidades de amontonar.


Si te domina el deseo de dar y recibir amor, piensa frecuentemente cuán peligroso es este entretenimiento, tanto para ti como para los demás; cuán indigno es profanar y emplear en pasatiempos el afecto más noble de nuestra alma; cuánto merece ser recriminado como una extremada ligereza de espíritu. Habla con frecuencia en favor de la pureza y sencillez de corazón y, en cuanto te sea posible, haz actos que anden de acuerdo con ella, y evita toda afectación y galantería.


Finalmente, en tiempo de paz, es decir, cuando las tentaciones del pecado, al cual te sientes más inclinada, no te acometen, practica muchos actos de la virtud contraria, y, si las ocasiones no se presentan, adelántate a ellas para practicarlos, pues, por este medio robustecerás tu corazón contra la tentación futura.






Ave María Purísima
Cristiano Católico 20-12-2012  Año de la Fe
Vida Devota













































































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