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Cuarta parte de la Introducción a la vida devota


CAPÍTULO IV


EL SENTIR Y EL CONSENTIR DOS BELLOS EJEMPLOS ACERCA DE ESTE PUNTO


Es tan importante entender esto, que no tengo inconveniente en insistir en ello para explicarlo mejor. El joven de quien nos habla San Jerónimo, que, tendido y atado con cintas de seda y con toda delicadeza en un lecho bien mullido, era provocado por una mujer impúdica, que, en el mismo lecho, se esforzaba en hacer vacilar su constancia, ¿no debía sentir emociones eróticas? Sus sentidos, ¿no debían estar invadidos por la delectación, y su imaginación llena y saturada de voluptuosidad? Indudablemente así debía ser, y, no obstante, en medio de tantas turbaciones, en medio de un combate tan horrible de tentaciones y entre tantos placeres que le envolvían, dio pruebas de que su corazón no estaba vencido y de que su voluntad no consentía, pues su espíritu, al verlo todo conjurado contra él y no pudiendo disponer de ninguna de las partes de su cuerpo, excepción hecha de la lengua, cortóla con los dientes y la escupió al rostro de aquélla alma envilecida, que le atormentaba más cruelmente con los placeres, que jamás lo hubieran hecho los verdugos con sus torturas; el tirano, que desconfiaba vencerlo con el dolor, esperaba rendirle con el placer.


Es muy admirable la historia de santa Catalina de Sena en ocasión parecida. El espíritu maligno obtuvo de Dios el poder de combatir la pureza de esta santa virgen con todo su furor, pero sin que pudiese tocarla. Sugirió, pues, toda clase de deshonestidades a su corazón, y, para excitarla más, se le apareció con otros diablos, en forma de hombres y mujeres, y comenzó a cometer en su presencia mil y mil clases de deshonestidades y acciones lúbricas, añadiendo palabras y conversaciones muy desvergonzadas; y, aunque todas estas cosas eran exteriores, entraban, por los sentidos, muy adentro del corazón de la virgen, que, como ella misma confesaba, se veía llena de estas imágenes, y únicamente su voluntad superior quedaba libre de aquella tempestad de vileza y delectación carnal. Esto duró mucho tiempo, hasta que un día Nuestro Señor se le apareció, y ella le dijo: «¿Dónde estabas, mi amado Señor, cuando mi corazón estaba tan lleno de tinieblas y de inmundicias?» El Señor le respondió: «Estaba dentro de tu corazón, hija mía». «¿Y cómo -replicó ella- habitabas en mi corazón, lleno de tantas vilezas? ¿Cómo estabas en un lugar tan deshonesto?» Y Nuestro Señor le dijo: «Dime: estos feos pensamientos de tu corazón, ¿te causaban placer o tristeza, amargura o deleite?» Y ella le dijo: «Muy grande amargura y tristeza». Replicó el Señor: «¿Y quién infundía esta amargura y esta tristeza en tu corazón, sino yo, que permanecía escondido en medio de tu alma? Cree, hija mía, que si yo no hubiese estado presente, aquellos pensamientos que sitiaban tu voluntad, sin poderla asaltar, la habrían vencido, habrían penetrado en ella y habrían sido recibidos con complacencia por tu libre albedrío y, así, habrían dado muerte a tu alma; mas, porque yo estaba dentro, infundía aquella resistencia y aquel disgusto en tu corazón, merced a lo cual alejabas cuanto podías la tentación, y, no pudiendo rechazarla tanto como deseabas, sentías el mayor disgusto y el mayor aborrecimiento contra ella y contra ti misma; y, así, estas penas eran para ti un gran mérito, una gran ganancia y un gran aumento de tu virtud y de tu fortaleza.» Repara, pues, Filotea, cómo este fuego estaba cubierto de ceniza, y cómo la tentación y la delectación habían entrado dentro del corazón y habían sitiado la voluntad, y cómo ésta, sola, pero asistida del Salvador, había resistido con amargura, disgusto y detestación al mal que le había sido sugerido, negando con constancia el consentimiento al pecado que le cercaba.


¡ Dios mío, qué angustia para una alma que ama a Dios no saber si Él está en ella o no, si el amor divino, por el cual combate, está o no está del todo apagado en ella! Mas esto es la delicada flor de la perfección del amor celestial: hacer que el amador sufra y combata por el amor, sin que sepa si posee el amor por el cual combate.







Ave María Purísima
Cristiano Católico 20-12-2012  Año de la Fe
Vida Devota













































































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