El Contexto Histórico
En junio de 1981, la pequeña aldea de Medjugorje formaba parte de la antigua Yugoslavia bajo un régimen comunista ateo. En un entorno rural tranquilo, la comunidad franciscana custodiaba la fe local de la parroquia de Santiago Apóstol, sin presagiar que la zona se convertiría en uno de los centros de peregrinación mariana más concurridos del mundo contemporáneo.
La Primera Aparición
El 24 de junio de 1981, dos jóvenes del pueblo, Ivanka Ivanković y Mirjana Dragičević, caminaban cerca de la colina conocida como Podbrdo cuando afirmaron ver una silueta luminosa que sostenía a un niño en sus brazos. Al día siguiente, 25 de junio, regresaron junto con otros cuatro jóvenes (Vicka, Ivan, Marija y Jakov), momento en el cual la figura se les aproximó, presentándose como la «Reina de la Paz» e invitándoles a rezar juntos.
Los Mensajes y Peticiones
A lo largo de las décadas, los mensajes reportados por los videntes se articulan en torno a cinco pilares espirituales principales: la oración ferviente (especialmente el Santo Rosario), el ayuno y la penitencia, la lectura diaria de la Santa Biblia, la confesión frecuente y la participación activa en la Eucaristía, todo orientado a la conversión del corazón y la obtención de la paz mundial.
Los Milagros o Signos
A la par de los testimonios sobre fenómenos luminosos en la colina del Podbrdo y en el monte Križevac, el principal signo atribuido a Medjugorje es de carácter espiritual: incontables conversiones, vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, así como numerosas reconciliaciones familiares y testimonios de sanación interior.
Aprobación y Devoción Actual
El discernimiento del Vaticano ha sido exhaustivo. En 2010 se creó una comisión internacional bajo la Doctrina de la Fe para evaluar los hechos. En 2019, el Papa Francisco autorizó oficialmente las peregrinaciones diocesanas y parroquiales al lugar, nombrando un visitante apostólico permanente. En 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe otorgó el estatus de Nihil Obstat a la experiencia espiritual de Medjugorje, reconociendo sus abundantes frutos positivos y permitiendo el culto público, mientras la Iglesia mantiene la prudencia respecto a la naturaleza sobrenatural de las visiones aún en curso.