Home

CAPÍTULO II
DE LA MEDITACIÓ
N

1.– Para la meditación – llamada también oración discursiva –, deben prepararse los puntos, sobre los que se quiere meditar, la noche antes y guardar exactamente las reglas que San Ignacio prescribio (1).

 

2.– En la práctica misma de la oración, se medita sobre el tema escogido: se sacan conclusiones, se reflexiona sobre el pasado, se hace un examen sobre las disposiciones presentes y propósitos para el porvenir. El alma se entusiasma, se anima, pide la ayuda del cielo. A veces Dios inspira una verdad, la memoria sugiere otras, y la hora se pasa recogidamente, con escasas y cortas distracciones. Esta clase de oración pertenece a la virtud de Religión, y cuando va acompañada de pureza de corazón, es el camino más corto y seguro para llegar a otro don de oración.

 

3.– Los principiantes deben usar en la meditación la manera más fácil de discurrir, que es la de razonar de más a menos o de menos a más. Por ejemplo: si el primer ángel cayó siendo una criatura perfecta, libre de la concupiscencia y de la corrupción del pecado original, teniendo un grado de gracia que yo nunca alcanzaré, que no fue tentado y que, sin embargo, desgraciadamente se perdió, cuánto debo temer yo una caída, cual fuere el grado de perfección que haya podido alcanzar. Si Dios no perdonó a una criatura tan noble y que le podía dar tanta gloria, ¿puedo pensar que me perdonará a mi si caigo en sus manos con un pecado mortal?

1) Ejercicios Espirituales: anotación segunda p 73-78.

La oración mental ordinaria. - La meditación
I. Los métodos. - Noción. - Necesidad. - Ventajas. - Orígenes. - Clases.

1. Oración y métodos. La oración se reduce a seis verbos: creer, esperar, amar (las virtudes teologales) y pedir, humillarse, ofrecerse. Esto, hecho de corazón en la presencia (le Dios, es lo que constituye la oración. Todo lo demás son medios para acertar mejor y más pronto, en hacer eso y en hacerlo bien, con menos trabajo y tiempo, con mayor provecho. Para ello son los métodos.
2. Tempestad. Va pasando la que en mal hora se desencadenó, no ha muchos años, contra todos los métodos en la vida espiritual y, naturalmente, más, enconada contra los de S. Ignacio y sus Ejercicios.
Ni tomarían cuerpo ni nacerían siquiera estas campañas, de estudiar antes a fondo las cosas. Sabiendo lo que son los métodos, cómo son, qué frutos han dado y tienen que dar; sabiendo lo que la Iglesia ha dicho repetidas veces de ellos, implícita y para los de los Ejercicios, explícita y solemnemente; lejos de atacarlos, se hubieran aplicado a ' entenderlos y hacerlos entender y practicar cada vez mejor.
Pero somos los hombres a veces tan... Por eso hay todavía quienes no se dan por enterados de que ya PAULO III aprobó excerta scientía, no como quiera los Ejercicios, sino omnia et sin gula in eís contenta; porque «pietate ac sanctítate plena et ad aedificationem et spiritualem profectum fidetium, valde utilía et salubria esse et fore cornperimus». Por lo cual, no se contentó con aprobarlos y alabarlos, sino que pasó a más: «hortan tes plurimum in Domino, omnes et singulos utriusque sexos Christi fidetes ubilibet constitutos, ut tam pus documentis et exercitiis uti et illis instrui devote velint» (1). Ningún libro humano tiene tal aprobación de la Santa Sede. Pero ni ésta ni las que se han seguido escalonando hasta la Mens nostra de Pío XI, ni las de Pío XII, han sido parte para evitar la guerra continua que, desde el principio, han venido sosteniendo, de bandos opuestos entre sí, los Ejercicios y sus métodos (2).

3. Noción. Método es toda manera elegida de antemano, para ejercitar un acto o serie de actos, de modo proporcionado al fin que se pretende.Dejando ahora las varias divisiones de los métodos, veamos su razón (te ser.
4. Necesidad. Si en el orden natural, no se adelanta sin método; tampoco en el sobrenatural, en la parte en que ha de obrar el hombre, con la gracia, sí, pero por si mismo y a su modo humano. Para la oración mental en concreto, puesta en ella un alma sin método, perderá el tiempo y energías; porque, o las dispersará en balde y se cansará sin provecho, o desorientada, quedará inactiva o se enredará en tanteos ciegos. Son muy pocos los hombres dueños de sí y a la par, de ojo rápido y certero, para dar de repente a un problema solución limpia, justa y amplia. Ante la complejidad de actos posibles en la oración, sin método, queda el alma a merced de las circunstancias, de sus hábitos de pensar y obrar, de las impresiones del momento.
(1) Breve «Pastoralis officii», 31, Julio, 1548.
(2) Merecen meditarse las palabras de Pío XI en la encíclica «iMens aostra» «...admirabilis ille Exercitiorum liber, parvus quidem mole sed caelesti sapientia refertus, ex quo sollemniter approbatus, laudatus, commendatus fuit a. f. r. decessore nostro Paulo 111, jam tum, ut verba iteremus a Nobis, antequam ad Petri cathedram eveheremur, aliquando adhibita, jam turn, inquimus, eminuit et claruit tanquam sapientissimus atque omnino universalis normarum codex ad animas in viam salutis ac perfectionis dirigendas; tamquam inexhaustus spectatissimae aeque ac solidissimae píetatís fons; tamquam acerrimus stimulus beneque peritus praemonstrator ad morum emendationem procurandam vitaeque spiritualis culmen attingendum... Et re quidem vera: excellentia spiritualis doctrinae, prorsus a periculis erroribusque falsi mysticismi alienae; adxnirabilis facilitas Exercitia haec ad quemvis hominum ordinem ac statum accomodandi, sive ii in coenobiis contemplationi incumbunt, sive in saecularibus negotiis actuosam vitam traducunt; aptissima partium coagmentatio; ac. lucidus ordo quo e veritatibus commentandis, altera alteram excipit; documenta denique spiritualia quae horninem, excusso jugo criminum et morbis qui morihus inhaerent detersis, per securas semitas abnegationis atque pravorum habituum detractionis, ad suprema orationis amorisque divini fastigia perducunt; procul dubio haec omnia talla sunt, quae efficacem Ignatianae methodi naturam atque vim, satis superque ostendant, Ignatianasque commentationes affatim commendent.»

5. Ventajas. Necesarios al principio los métodos, son muy útiles después con tal que sean humanamente amplios y flexibles, cuales son los hoy en uso entre los espirituales y aprobados por la Iglesia. No engendran rutina, sino costumbre de orar bien. Atan al principio, pero es orientando, es quitando tentativas inútiles y contraproducentes, es evitando descarríos, para dejar lo, provechoso, lo bien enderezado y en sazón. Lejos de impedir la acción del Espíritu Santo, disponen mejor, para recibir y aprovechar los toques de la gracia (1).

6. Orígenes. No son tan nuevos los métodos como han dicho y se han creído algunos. El conjunto de sus normas se puede confirmar con la Sagrada Escritura, y los consejos de los Santos Padres, de los Padres del Yermo y de los Doctores antiguos. Analizando las meditaciones hechas del. siglo XII y XIII en adelante, nos darían en su esquema, el de los métodos corrientes. Lo que faltó en los siglos antiguos, no fue el método: los había, se trasmitían oralmente, se insistía en las colaciones espirituales ya en uno ya en otro consejo práctico; pero no estaban sus normas reunidas, clasificadas y orgánicamente codificadas por escrito. Quien saltando la historia de siglos, reúna los consejos de S. BUENAVENTURA sobre la oración, creerá que apenas hizo S. Ignacio otra cosa que copiarlos, clasificarlos y distribuirlos en series acomodadas a las varias formas de oración mental. Tampoco el paso a la codificación debe nada a influjos protestantes. Desde los siglos XIV y xv, se venía sintiendo acuciante la necesidad de métodos codificados por escrito: ahí está la escuela de los Hermanos de la Vida Común y toda la Devoción Moderna de entonces, llena de tentativas para proveer de métodos variados y complejos a cada una de las formas de ejercicios espirituales; no son de estirpe espiritual distinta KEMPIS y MAL BURNO. Precisamente el elegido por Dios para dar el conjunto de me
(1) Que hubo y habrá abusos en los métodos, muy cierto; pero ¿de qué no se abusa por bueno, acertado y santo que sea? No se juzgan las cosas por los abusos, sino por su empleo debido y normal.
todos modernos, fué el mismo S. IGNACIO, que según la Iglesia y la liturgia, escogió la Providencia para oponerle a Lutero y al protestantismo.

7. Tipos de métodos- A dos tipos se reducen en su amplia variedad, los métodos de oración hoy usados más generalmente en la Iglesia: el ignaciano, más universal, y el sulpiciano, propio del Oratorio francés y sus aledaños; los demás que con tantos hombres se conocen, son meras variedades de estos (los fundamentales. De S. Ignacio es generalmente conocido el método (le meditación ponderativa, llamado de las tres potencias, aunque luego insistiremos en cosas importantes, que suelen no pocos pasar por alto. También se conoce algo el de meditación con base imaginativa (v. gr., en la meditación del Infierno) y más citado, aunque no siempre bien entendido, el que con término de sus tiempos, llama el Santo contemplación y aplica a los misterios de Cristo.

8. Para la oración afectiva tienen los Ejercicios el método de la repeticiones y el del resumen. Finalmente, para la contemplación adquirida dió lo que llama él traer los sentidos o aplicación de sentidos. Pero NO SE CEÑIA EL SANTO A ESTOS MÉTODOS: en su dirección oral y escrita aprobaba y recomendaba también otros y a los ya avezados al ejercicio de la oración, no les prescribía método alguno particular. No creo necesario declarar expresamente estos métodos y espero bastará lo que en seguida hemos de advertir; pero además conviene que estudien MAUMiGÑY, Práctica de la oración mental. Madrid, Fax.

9. Tocante al método sulpiciano, poco usado en España, me remito al TANQUEREY. Sólo notaré que, al método ignaciano de las tres potencias, no responde en los sulpicianos el de BERULLE, como hartas veces se ha dicho, sino el de TRONSON: éste sí es de meditación, el de BERULLE es de oración afectiva.


II. Calidades de la oración perfecta. Amor. - Gratitud. - Petición. - Práctica.
10. No vendrá mal copio orientación básica en el estudio de la oración,

poner ante los ojos al director las calidades fundamentales de la oración perfecta. Con ellas delante, sabrá enderezar desde el principio al alma y podrá compulsar fácilmente la realidad y grados de sus progresos. Son, pues, las principales Paz, tranquilidad, reposo. En lo corporal es no andar moviéndose ni aun cambiar de postura sin necesidad o conveniencia notable de salud, de atención o de devoción: tener los ojos o cerrados o fijos en un lugar sin andarlos variando. En lo espiritual es no pasar de una idea a otra, de un afecto a otro..., antes de haber penetrado y saboreado el anterior. Sólo así enraízan las ideas y se embeben los afectos. Vale más uno bien metido que cien prendidos con alfileres. Pero nótese que, si se quiere prolongar un pensamiento, un afecto..., ya agotado para el alma, sobrevienen los puntos muertos que son un gran coladero para las distracciones. Asimismo, no ha de olvidarse, en la aplicación de este principio, que unos temperamentos no tienen para diez minutos con veinte ideas y a otros con una sola, les basta para una hora.

11. Admiración de Dios y de sus obras. Estima profunda de Dios, de su poder, de su hermosura..., de su grandeza infinita en todo; que es «magnus in magnis el maximus in minimis» (S. AGUSTÍN). Esta admiración produce respeto, amor, generosidad, agradecimiento, alabanza...

12. Amor ardiente a Dios. No precisamente sensitivo, sino (le voluntad, que se va aficionando cada. vez más a Dios. Esto engendra: pureza de corazón, quitando de sí cuanto desagrada al Amado; virtudes procuradas con estima y empeño mayor, pues 'hay que proveerse de cuanto complace más al Amado; firmeza y generosidad en sus deseos y resoluciones, porque «aut non labroader aut et labor amader», porque «fortis est ut, mors dilectio», porque «aquae multae non podeerunt extinguere caritatem»; espíritu de oración que no se cansa de conocer y estar con el Amado y no descansa hasta conocer cuanto de El puede 'y hasta estar y tratar con El, lo más que puede.

13. Hacimiento de gracias, frecuente e íntimo. Lo de «in omnibus gratias agentes» y lo de «in omni oratione et obsecratione cum gratiarum actione, petitiones vestrae innotescant apud Deum», lo va causando el paladear el amor de Dios a nosotros, el huma narse Dios tanto con nosotros, el chorro continuo de beneficios recibidos de Dios...: con esto se empapa toda el alma de gratitud honda, sencilla, íntima, que late cada vez más en todas las ope raciones del corazón y del espíritu.
14. Petición. El pedir y no cansarse de pedir y, por más que haya rogado, nunca pensar que ya basta; nace aquí de sentir cada vez más nuestra necesidad y miseria, juntamente con el tesoro que en Dios tenemos inagotable y el deseo en Dios de colmarnos con sus dones, mayor que el nuestro de recibirlos y que nuestra necesidad de que nos los. otorgue.
15. Aplicaciones prácticas. El ansia de ajustarse más y más a la voluntad y preferencias del Amado, no la deja al alma contentarse con saborear dulzuras; sino que .la impele cada vez con más eficacia, a sacar de la oración la enmienda de sus faltas, prevenir los peligros, enderezar sus obras, atinar sus virtudes, según lo van pidiendo cada día y cada temporada, sus necesidades y los toques de la gracia.

16. Aunque estos elementos brotan y crecen con la oración bien hecha, hasta llenar de ellos la oración perfecta; no se entienda que cada vez se ha de detener el alma en todos ellos directamente: todos andan más ó menos latentes en ella siempre; todos van floreciendo con ella; pero unas veces predomina palpablemente más uno, otras otro; que la oración activa no tiene, como la mística, todo a la vez.

III. Las partes de la oración. -- Lectura, Meditación, Oración. - Contemplación. - Sus oficios y relaciones. - Interdependencia. -
Otras terminologías. - Consecuencias. - Correspondencia con (p terminología actual.

17. Las partes de la oración. Desde la segunda mitad del siglo XII, hasta bien entrada la época moderna, fué muy seguida la división, que, de la oración mental, hizo GUIGÓN II en su Scala claustralium (1). Dividía cada rato de oración mental en lectura, meditación, oración y contemplación.
Sumamente práctica es esta división; y su olvido en los últimos tiempos, ha contribuido a oscurecer ideas, que dejó ella muy claras y que conviene tener siempre muy presentes, cuando se trata de entender y enseñar la oración ordinaria. Sigamos, pues, ahora, como introducción a los capítulos sobre la oración mental activa, las explicaciones de la Scala claustrolieut..
Lectura es aquí «la aplicación asidua del alma a leer con provecho espiritual las Sagradas Escrituras» y todo libró que puede proporcionar pensamientos y conocimientos santos, con que nutrir los ratos de oración. Meditación es «la labor de la mente, que, valiéndose de la propia razón, investiga la verdad oculta en lo leído».
Oración es «el volverse devotamente el corazón a Dios, para apartar de sí los males y alcanzar los bienes».
Contemplación es «la elevación de la mente, fija en Dios, gustando los gozos de la dulzura eterna» (cap. 1).
18. Sus oficios. «La lectura busca la dulcedumbre de la vida bienaventurada; la meditación, la encuentra; la oración, la impetra; la contemplación, la saborea.»
«Por eso dice el mismo Señor: "Quaerite et invenietis, pulsate et aperietur vobis. Buscad y encontraréis, llamad y abriros han" (Mt. 7, 7); buscad leyendo y encontraréis meditando; llamad orando y abriros han contemplando.»
«La lectura, cómo que pone el alimento sólido en la boca; la meditación, lo mastica y desmenuza; la oración, logra el sabor; la contemplación, es la dulzura misma que deleita y alimenta.»
«La lectura queda en la corteza, la meditación entra en el meollo, la oración implora con deseo, la contemplación se refocila en la dulzura ya lograda» (cap. 2).
Aplica luego GUIGÓN II esta doctrina a la meditación del «Beati mundo corde, quoniam ipsi Deum videbunt» (Mt. 5, 8); y nos da hecha una oración metódica; no, enunciando sus normas, sino ejecutándolas, siguiendo paso a paso por su orden y tratando brevemente de las connotaciones y desolaciones, de las visitas y ausencias del Esposo al alma. Terminado el ejemplo de oración metódica, nos explica la Scala claustralium, las relaciones e interdependencia de las cuatro partes.

19. Sus Relaciones. «La lectura, como fundamento, es la primera que nos sale al paso; y en habiéndonos dado la materia, nos remite a la meditación.» «La meditación busca con diligencia lo que hemos de apetecer, y como cavando, descubre el tesoro y nos lo señala. Mas, como por sí sola, no puede posesionarse de él, nos envía a la oración:» «La oración se levanta con todas sus energías hacia el Señor, e impetra el tesoro deseable, la suavidad de la contemplación.» «La contemplación, que sobreviene, nos- paga bien pagado el trabajo de las tres partes precedentes, embriagando el alma se dienta, con el rocío de la dulcedumbre celestial» (cap. 10). Finalmente, nos da también GUIGÓN II, la

20. Interdependencia de las cuatro partes. «La lectura sin meditación es árida; la meditación sin lectura, da en errores: la oración sin meditación, es tibia; la meditación sin oración, queda sin fruto: la oración devota alcanza la contemplación; la contemplación sin oración, se logra o muy rara vez o por milagro» (cap. 12).

21. Otras terminologías posteriores, más o menos emparentadas con la de GUiGóN Il, y derivadas de ella; llaman partes de la oración, únicamente al trato con Dios; a la petición, acción de gracias, alabanza, adoración, amor, a los demás actos de culto y honra de Dios, háganse con movimiento del afecto y voluntad o háganse con la quietud de las paradas contempladoras. Así, verbigracia, nuestro P. NADAL, hablando de la oración a los jesuitas (1).

22. Consecuencias. Claro aparece que la lectura y la meditación, en tanto entran en el conjunto de la oración, en cuanto preparan para la oración y la contemplación; son previos, normalmente necesarios, para llegar al fondo de la oración verdaderamente tal; no pertenecen a la esencia, sino a la integridad de la oración. Por eso, con razón llamaba el P. NADAL a la lectura y meditación, «aparejos para la oración».
Con estas ideas delante, se ve al punto, qué importancia tan desmedida se ha dado luego, entre los autores de los siglos postreros, a la parte previa, a la meditación.
Es necesario tener claras y exactas las ideas, para dejar a cada cosa en su sitio y mantener a cada elemento en su oficio y función propia.

23. Correspondencia con la terminología actual. A la lectura, responden hoy los puntos, pues no son otra cosa que una lectura especialmente dispuesta para ofrecer va preparada la materia (le la oración. La meditación de GUiGóN II es la parte del entendimiento con sus variadas maneras, según los casos y forma de la oración, el pensar y considerar, el razonar y ponderar, el discurrir y deducir consecuencias y aplicaciones prácticas y ante todo el ejercitar y avivar la fe sobre las verdades. La oración de la Scala claustralium, es entre nosotros la parte (le afectos y plegarias, es todo el_ trato con Dios en coloquios de adoración y alabanza, de agradecimiento y entrega, de oblación y consulta, de abrir ante el Señor nuestro corazón con sus deseos v temores, con sus alegrías y tristezas, con sus consolaciones y desolaciones... Finalmente, la contemplación, no es ni más ni menos que las paradas, de que hablaremos en seguida, cuando se detiene el alma a gozar y empaparse de una luz, de un afecto, de algún sabor de Dios... ; paradas en que se recoge el fruto y se va preparando la llegada a la contemplación adquirida, hecha ya hábito en el alma.

24. Sorprendente será tal vez para algunos modernos,' ver la contemplación, no ya como grado particular de oración, sino como parte esencial en cada rato de oración; pero así es en realidad y así tiene que ser, so pena de truncar el proceso normal 'de nuestra sicología. ¿No es axioma escolástico que todo conocimiento nuestro parte de una intuición y se encamina, como fin, a otra intuición? No puede, saltarse esta ley en la oración mental ordinaria, y, por tanto, todo el trabajo del entendimiento tiene que ir desembocando en ratos de contemplación, en las paradas del entendimiento y de la voluntad, que regustan el fruto logrado. Así se va preparando el conocimiento fácil y el interés más potente, que hagan luego espontánea la contemplación de cosas adquiridas antes por el entendimiento y amadas ya de antes por el corazón, sin necesidad de esfuerzos nuevos en el entendimiento ni en la voluntad, porque disfrutan lo ya ganado y poseído en los ratos y trabajos anteriores de oración.

(1) NICOLAU M., S. J., Jerónimo Nadal. Obras y doctrinas espirituales. Madrid, 1949.
IV. Noción de los tres grados. - La meditación. - Su variedad. - Paradas del entendimiento y de, la voluntad. - Qué son. - Su importancia. - Cuándo se deben hacer. -,La familiaridad con Dios.

25. Noción de los tres grados. Aparte de la lectura meditada, que es como una introducción gradual en la oración mental, para almas poco preparadas todavía y poco acostumbradas a pensar por sí solas en cosas espirituales; se distinguen tres grados en la oración mental ordinaria: A) MEDITACIÓN, llamada también meditación ponderativa: en ella tienen parte relativamente durable y variada los discursos y raciocinios del entendimiento. - B) ORACIÓN AFECTIVA, que se dice también meditación afectiva: se ha reducido el tiempo y actividad del entendimiento y aun la forma de su trabajo y lo llena casi todo -la voluntad con los movimientos de sus afectos, deseos, súplicas, propósitos, coloquios.- - C) CONTEMPLACIÓN ADQUIRIDA o activa, como la suele llamar S. JUAN DE LA CRUZ, en la cual está simplificado el movimiento de la voluntad y se está ratos largos en un solo afecto, deseo, oblación..., reposando en ello el alma, empapándose y cebándose con ello la voluntad. Algo de esto lo habrán tenido, v. gr., en una visita al Santísimo: pues esto mismo continuado, hecho forma ordinaria de orar, es la contemplación adquirida.

26. La meditación. Ya dijimos que su característica es la parte algo notable que en ella tiene el entendimiento. Su labor es: a) entender bien las ideas propuestas-15) profundizar en ellas según su capacidad presente - C) aplicarlas a la vida (1) ejercitar la fe y avivarla - e) con este trabajo, fundamenta, anima, consolida los deseos, súplicas, resoluciones y, en una palabra, la obra toda de la voluntad, que naturalmente descansa en la convicción del entendimiento.
Mediante este trabajo del entendimiento, va adquiriendo el alma conocimientos claros, exactos, hondos y arraigados de las verdades en sí mismas y en sus consecuencias prácticas.
Unas veces lo hace todo la luz natural, elevada por la fe y la gracia_ latente; otras, por luz más' palpable y gracias más intensas y que se hacen sensibles al alma de diversas maneras.

27. Variedad en la meditación. No se piense que esta labor del entendimiento va siempre por un solo camino y se ajusta siempre a la misma pauta: no, sólo para la meditación ofrecen los Ejercicios de S. IGNACIO tres moldes distintos y la variedad, aun con el mismo esquema general, ex indefinible. Al estudiar los métodos, se advierte en ellos una diferencia muy grande en sus normas: para la preparación, la entrada y los complementos de la meditación, son sus consejos concretas y menudos; en cambio para el centro de ella, no dan sino sugerencias generales. ¿Por qué así? Porque en la parte central, la que constituye propiamente la meditación, no se puede bajar a pormenores.
Cada cual, aun dentro del mismo esquema general, tiene su manera y no hay dos que desarrollen igual el mismo punto. Unos llevan más seguido el discurrir, otros interpolan más súplicas, otros entremezclan constantemente deseos y coloquios : el discurrir mismo es en unos por reflexiones casi independientes, en otros va más hilado el raciocinio: éste empieza por ahondar hasta la raíz y sólo después mira a las consecuencias, aquél .va y vuelve sobre unas y otras.
Otro tanto hay que decir de la imaginación y sobre todo de la voluntad y la conversación con Dios.
Palmariamente se ve esta variedad comparando sobre el mismo tema, meditaciones hechas por distintos autores, aunque sean de la misma escuela y sigan el mismo método; aun en el mismo autor, se advertirán las diferencias de unas a otras meditaciones.

28. Al indicar, pues, el método, hay que dejar a cada cual manejarse con la espontaneidad y amplitud que pide la vida, para que proceda según su capacidad, su preparación, su temperamento y muy en especial, según los influjos y orientaciones de la gracia.
El método mismo conviene ofrezca varios esquemas fáciles de acomodar a la variedad que imponen los temas que se han de meditar: ya vimos que S. IGNACIO brinda con tres. Esta es una de las causas de tantas variedades en cada familia de métodos.

29. Las paradas. Tanto para el fruto de la meditación, como para su progreso, son de importancia capital las paradas; así las del entendimiento, como las de la voluntad.
¿Qué son? lo dice su nombre. Cuando el entendimiento logra ver clara una idea, penetrar sus causas, descubrir sus consecuencias o matices nuevos en la utilidad, necesidad..., hay que detenerse a que penetre esa claridad, se empape la convicción, quede satisfecha la inteligencia. Esto se hace en el estudio, se hace en, el arte, se ha de hacer en la meditación.
30. Su importancia. Sin esto, no calan las verdades al fondo del alma, quedan en la sobrehaz y ni obran ni calientan ni impelen ni duran. Sólo así, se engendran las convicciones que rinden el entendimiento a la verdad.

En esa claridad, goza y descansa el ánimo y se recrea en mirarla y en volverla a mirar, sin nuevas razones, sin esfuerzos ni cuidados nuevos; sino cebándose complacido en la claridad conseguida con el trabajo anterior.

31. Cuando esa claridad no es fruto sólo del discurso, sino que se une con él la gracia más sentida o es la gracia misma la que da por sí esa luz y lo hace ver con claridad; entonces, no es sólo el gusto mayor y más íntimo, sino también es más honda y penetrante su eficacia y por tanto mayor ha de ser la fidelidad en pararse mientras dura la ilustración o el gusto o sabor de ella Lo contrario es impedir la obra de la gracia en el entendimiento.

32.. Estas ilustraciones, con deseos humildes se han de impetrar; con reverencia y gratitud se han de recibir; y con mucha quietud se ha de dar tiempo y lugar a que se remansen con su atractivo, con su desengaño... ; porque del entendimiento, pasa muy de ordinario al punto, su virtud a la voluntad y la trueca y afianza para el bien. Hace más esta luz de la gracia que todos nuestros discursos y trabajos.

33. Pero no suele dar Dios tales ilustraciones a los negligentes en poner su cuidado y ejercitar lealmente sus potencias; como tampoco suele frecuentarlas ni clavarlas en quienes sin humildad
se las apropian y no las agradecen al dador de todo bien o confían las tendrán como fruto de su diligencia en prepararse o paga de su fidelidad en trabajar, ni las prodiga a quienes no hacen sino saborearlas sin otro tributo de obras virtuosas.

34. Progreso de la meditación. Si por aquí se ve su importancia para el fruto de la meditación, no lo es menos para el progreso. Porque estas paradas no son otra cosa que actos de contemplación en el entendimiento, con cuya repetición se va adquiriendo el hábito de contemplar, como enseña e inculca SAN JUAN DE LA CRUZ. Por lo mismo se corta el progreso de la meditación y. se impide la llegada a la contemplación, si no se hacen a su tiempo en la meditación diaria, estas paradas, en las cuales queda quieto el entendimiento, fija la mirada en la verdad conocida y regustando su luz y claridad y descansando ya en el fruto del trabajo anterior con el discurso o ya en la gracia de la ilustración.

35. Las paradas de la voluntad. Otro tanto y con más razón hemos de advertir sobre la voluntad. También ella se ha de parar,, cuando halla fervor, gusto, consuelo, sabor y deleite espiritual; cuando la moción de la gracia infunde suavidad y dulzura, penetra de amor, temor, reverencia o de cualquier otro afecto y efecto sobrenatural; cuando se filtra en el alma la paz honda de Dios o se levanta el deseo, ya manso e intenso, ya vivo y penetrante, hacia las cosas divinas, o se siente el horror y el asco del mal o corren las lágrimas de dolor o de amor... En tales casos, hay que detenerse y saborear y gustar en paz y calma, el don de Dios, todo el tiempo que dure en el alma. Lo contrario es impedir el fruto de la gracia en el afecto y voluntad.

36. Su importancia. Estas paradas son las que renuevan mejor la voluntad, la afianzan y asientan en Dios, la apartan con más eficacia de todo desorden, obran a fondo todo el bien y todo bien. Por eso es tan capital detenerse aquí la voluntad, para el fruto de la oración.

37. Pero además en estas paradas se hacen también buenos empalmes de la parte emotiva con lo sobrenatural (cap. III, n. 14-17), para que luego respondan los sentimientos y emociones a los motivos e ideas sobrenaturales, se debiliten e inhiban los movimientos con que espontáneamente acompañan y refuerzan a sus objetos naturales; porque se cruzan, para estorbar el brote natural, los empalmes del sobrenatural y no dejan nacer las tendencias que les son adversas.

38. La luz clara, intensamente sentida en el entendimiento; la moción de la voluntad; mucho más si acompaña el, consuelo, sabor y gusto; son los agentes de estos empalmes. crece su fuerza en proporción a la duración alcanzada en las potencias por las paradas de que tratamos y por la integridad con que, a favor de ellas, influye el objeto sobrenatural. Sí se añade la energía de gracias sentidas, se acrecienta la eficacia, rapidez y firmeza de estas soldaduras sicológicas, cuya trascendencia es enorme para impulso y facilidad de la vida espiritual.

39. Para principiantes se obra todo esto más connaturalmente durante el consuelo sensible: por eso los suele dar el Señor con más abundancia, en el comienzo de la vida fervorosa, y por eso es menester aprovecharlos bien en estas paradas del entendimiento y de la voluntad, para que lo que naturalmente es peligro y estorbo, deje de serlo y aun se convierta en aliado de fuerte socorro a la flaqueza y debilidad nuestra contra nosotros mismos.

40. Progreso en la oración. También estas paradas de la voluntad, son en ella actos de contemplación y su repetición va engendrando en la voluntad el hábito de contemplar. Así la meditación bien hecha, va por sí misma dándolos pasos a la contén platinó adquirida.
Mucho insiste en esto S. JUAN DE LA CRUZ y mucho inculca estas paradas S. IGNACIO; el cual quiere además que vuelva el alma derecha a los puntos en que, al meditar, sintió estas luces y mociones, como lo enseña en el método de sus repeticiones.

41. Cuándo se deben hacer las paradas. Para mejor inteligencia de punto tan vital en el fruto y progreso, no sólo de la meditación, sino de toda oración; conviene distinguir ahora cuatro clases de gusto en las potencias del alma: aplicarse luego a lo suyo, en teniendo delante, bien clara y ordenada la materia para su ejercicio.

42. b) El gusto que nace en el entendimiento al encontrar por sí mismo uno, algo suyo, sea en mayor claridad sea en mayor profundidad sea en el vigor de las consecuencias para la vida espiritual; este gusto sí, pide sus paradas, y en él conviene detenerse hasta que en ello se satisfaga el alma.

43. Lo mismo hay que decir de la voluntad, cuando, con la luz del entendimiento, abraza la verdad conocida o sus aplicaciones y entra en deseos, súplicas, resoluciones, hablas' consigo o con Dios para moverse y afianzarse en el bien: si en esto halla sabor, ternura, sobrecogimiento..., ha de pararse ahí en cada moción, mientras en ella tenga el sabor, la ternura, el sobrecogimiento...

44. c) Otro gusto hay, superior al explicado y es el que se prueba cuando la gracia, que estaba latente en el anterior, se hace sentida con mayor fuerza o suavidad, según las clases de gusto. Aquí la intensidad y eficacia es también mayor, y lo es, muchas veces, además la rapidez con que penetran sus efectos en las potencias. Por tanto, con más razón ha de pararse entonces en ello el alma hasta satisfacerse y no salir de ahí mientras la dure esta gracia.

45. d) Mucho mejor que los anteriores en sí y en sus efectos todos; es el gusto venido derechamente de Dios y su gracia, ya sin preceder el trabajo de nuestras potencias ya, aunque haya precedido ese trabajo, pero distinto de él e independiente de él.
La seguridad de esta cuarta clase, su penetración en el alma, su eficacia en todos los órdenes de efectos, es sumamente superior a los otros gustos.
Por consiguiente, tanto mayor ha dé ser la fidelidad con que entonces se ha de parar el alma, sin tener gana de moverse a otra cosa alguna en la oración, mientras se sienta con tal gusto espiritual.
Este es el que llena de verdad, el que trae con toda eficacia todos los frutos espirituales.

46. En resumen. El gusto de la memoria viene al comienzo del querer meditar y al empezar su trabajo las potencias con cada parte de materia bien ofrecida a su actividad; pero no hay que parar en este gusto.
El segundo y tercero, brotan con el trabajo mismo de las potencias y le siguen y son fruto de él con la gracia, latente en el segundo, palpable en el tercero. Aquí, sí, ha de pararse ya el alma y suspender su trabajo de potencias, mientras la dure el sabor de su bocado.
El cuarto puede venir lo mismo antes del trabajo de potencias, que en medio de él o después, porque es independiente de nuestra labor y no resultado de ella, sino puro don de Dios. En sintiendo este cuarto gusto, deténgase en él, aunque sea a la entrada misma de la oración, al querer recogerse para la presencia de Dios preliminar a toda oración.

47. Todo el resto de la materia prevenida y todos los demás consejos del método, quedan en suspenso, mientras duran estas tres clases de gustos, aunque llenen el tiempo entero de la oración (2.)

48. NB. Notemos con ST. TERESA, S. JUAN DE LA CRUZ, . Sto. Tomás, S. BUENAVENTURA..., que aveces, antes que esté purificado el natural, si son suaves e íntimos estos gustos espirituales; sobrevienen juntamente movimientos sensuales en la carne. Es cosa que desconcierta a los principiantes, los hace recelar del gusto espiritual y hasta huir de tal consuelo y de la oración misma,. por no encontrarse en sí con esos resabios.
No hay que maravillarse de esto, ni por ello asustarse ni menos dejar la oración o aflojar en ella o pasar corriendo a otra cosa en la oración. Son efecto secundario de la suavidad espiritual que redunda en el natural y, como la carne no entiende de lo espiritual, en sintiendo aquella suavidad, lo toma ella a su modo carnal.
49. Según se va purificando, van desapareciendo estas derivaciones en el natural.

Entre tanto tenga paz y paciencia en ello; humíllese sin congoja alguna, pues no son voluntarios en nada; siga tranquilamente la marcha de la oración sin preocuparse para nada de tales movimientos; sepa que no hay mejor desprecio que no hacer aprecio; espere en Dios, que sabe bien lo que es esta miseria de nuestra carne.
Fuera de la oración, no está demás mortificar prudentemente la carne, para que el escarmiento la haga estarse más pronto ajena a tales tendencias, dentro y fuera de la
 oración (3.)
TRATO FAMILIAR CON DIOS

50. El trato familiar con Dios. Aparte de los fines inmediatos que, por la materia y circunstancias del alma, se pretende en cada rato de oración, es fin principal en toda oración el trato familiar con Dios. Así como todo buen hijo une el respeto y aun la veneración con el cariño y confianza a sus padres; así nuestro trato con Dios en la oración, ha de tener, sí, reverencia y adoración; pero ha de tener y producir siempre, también, amor confiado, cariño familiar, confianza de hijo, de amigo..
..
51. Varía la forma y el tono de esta confianza según la materia, el fin concreto de cada rato de oración, la tendencia
 fundamental del alma y singularmente según la orientación, que va señalando la gracia y EL MODO DE Dios EN TRATAR EL AL ALMA.

52. Esta familiaridad respetuosa y confiada, se ha de cuidar en todo: desde la preparación remota; más desde la presencia de Dios con que se entra en la oración; pero singularmente en los afectos, súplicas, ofrecimientos de sí y de sus cosas, coloquios.
Con la grandeza infinita de Dios, que exige reverente adoración, hemos de juntar el amor con que nos ama y nos abre siempre sus brazos y su corazón; con la miseria de nuestra nada y la iniquidad de nuestras culpas, hemos de mirar el ser de hijos de Dios que EL nos da, la intimidad de amigo, y aun de esposo que nos ofrece; la solicitud de médico..
.
53.. ORACIÓN QUE NO VA ENGENDRANDO ESTE ESPÍRITU DE FAMILIARIDAD REVERENTE Y

 CONFIADA PARA DIOS, ES ORACIÓN FUNDAMENTALMENTE MAL ENFOCADA.
Fruto y ejercicio de esta familiaridad es el consultar con EL las dudas, acogerse a EL en los temores, buscar en EL nuestro remedio, interesarse por su gloria, conversar con EL más suavemente cada vez...

a) El que produce naturalmente la memoria al presentar ordenada y clara la materia: gusto que se refuerza sí acompaña con representaciones plásticas apropiadas, la imaginación.
En este primer gusto no ha de pararse sino lo naturalmente conveniente para aplicar a la materia el trabajo del entendimiento y el de la voluntad.
Ese primer gusto es de poco fruto, no es el que llena y satisface al alma: hasta es perjudicial detenerse en él, porque, además de ser muy superficiales y pasajeros sus efectos, de ser incompletos como los de las meras primeras aprensiones sin el juicio; tiene el pararse aquí dos inconvenientes: quitar tiempo y robar energías a las otras potencias, que luego se hallan con menos vigor y entran cansadas y , sin aliento en su propia obra (1). Al revés, las anima y vigoriza el
(1) Por estas razones es nocivo alargarse en oraciones vocales al principio de la mental; y lo mismo detenerse en el gusto que da la mera lectura o el oír unos puntos muy larga y hermosamente declarados. Hay que pasar
sobre esto para entrar en la oración mental misma.

(2 No se crea que estas explicaciones y consejos son cosa original nuestra, ni doctrina nacida ahora. No hay alma dada sincera y humildemente a la oración que no haya probado esto en más o menos: no habrá director, que dirija almas de oración, sin palpar in vivo estas cosas: pero esta doctrina está toda entera en las explicaciones que, de los métodos, nos legaron los antiguos y la desarrollaron plenamente los tratadistas del XVI y XVII. Por donde se ve qué poco han estudiado estas cosas los que tanto alborotaron contra los métodos y los presentaron como rémoras a la gracia y a las gracias de la oración. ¡Cuántos problemas artificiales son fruto de estas ignorancias y ligerezas! Si con ello no se desorientaran las almas ni los directores inexpertos, todavía...

(3 Merece verse con qué claridad y delicadeza trata esto Sta.. TERESA. Epistolario 11, pp. 20-30, 47-48, cartas 163, 168. Ed. de] P. SILvERIo, Burgos 1923.